Seguidores de lo oculto

miércoles, 30 de octubre de 2013

Sus palabras, ahora quedaban perdidas en un mundo de desconcierto. Desanimadas en una cáscara de piel vacía desgajándose más y más. Junto a los pétalos esparcidos que decoraban el suelo.
Aquellos pétalos eran lo único que tenían color entre un ambiente pintado de matices grises. La única resistencia.
Quedaban vulnerables, sensibles ante el rugido del viento. 
Cada sonido, cada siseo, cada sílaba, cada factor de su pronunciación, cada apertura y cierre de la comisura de sus labios... cada letra que las componían, fueron calladas por el murmullo de las hojas, por el abstracto tacto del tiempo, por la canción del silencio. 
Cómo el silencio puede ser más alto?...
En su lugar quedó una sensación que lo hace respirar desesperado. Como si sus oídos se hubiesen llenado de agua, el lo escucha vibrando en su cuerpo.

lunes, 21 de octubre de 2013

El búho y el ratón... (Historia)





Dedicado con todo el cariño a mis amigos y a mis hermanos…

Había una vez... un búho y un ratón.
Los dos eran grandes amigos y siempre buscaban nuevas aventuras que poder compartir.
Es agradable decir que eran felices entre sus pertenencias, en una cabaña abandonada en el medio del bosque... libros polvorientos, pergaminos amarillentos, velas derretidas, mesas y sillones roídos, cuadros descentrados, y otras cosas habituales en una vivienda de espacio reducido al que se le acumulan objetos. 
Habían aprendido a ayudarse y a cuidarse mutuamente. A convivir con sus diferencias evidentes y a complementarse productivamente en beneficio. 
No era extraño suponer entonces que las tareas se les facilitaban comparándolo con lo que podían hacer por separado. 
El vivir les era más llevadero sabiendo que tenían al otro al lado, al punto de pensar en compartirlo todo, hasta sus últimos segundos si les era posible. 

El bosque que los rodeaba, los saludaba imperioso, con las ramas de unos árboles de todos los tamaños y todas las formas posibles e imposibles; estrechos, alargados, anchos y jorobados, con colores normales u otros más sombríos y extraños, grises, violáceos, dorados y rojizos. Árboles incluso con las formas más retorcidas generando una disposición de la más variada, despertando la imaginación. 
Aquellas ramas eran como brazos extendiéndose hacia todas direcciones o al menos así se las entendía cuando ellos las divisaban entre la ventana despojándolas mentalmente de sus vestiduras de hojas que también dibujaban figuras anormales.
El cielo más que parecer ajeno y lejano, se sentía realmente siendo una parte que componía aquel sitio mágico, vislumbrándose como una capa esférica, limpia y protectora, desde donde "comenzaba el mundo". Una capa que rodeaba las montañas que a su vez limitaban el bosque, componiendo un todo en el que estaban metidos.   
En la extensión del lugar, se contaba con un pequeño río, así como un lago, en los cuales danzaban luciérnagas por la noche. El pasto no se alzaba más que un metro en los sectores más descuidados. Aunque sin embargo mucha parte del suelo se decoraba de hojas, rocas, raíces y trocitos de madera.
Al fin y al cabo "la vida de la naturalidad" parecía estar presente todo el tiempo, respirando, en esa expresión del viento puro que llegaba de sus fauces, allí en lo más profundo, quizás donde nadie puso un pie jamás... Desde alguna caverna tal vez.
Un aire, que revitalizaba las superficies, humedeciendo los poros, siendo como la sangre viajando por unas venas invisibles en una red espectral interconectada transportando minerales.
En algunas horas aquel bosque se movía tranquilamente con balanceos regulares, como el ritmo de una abuela en una mecedora, adormilando el ambiente, o en otras, crujiendo los troncos amenazante cuando había algún intruso.
Los animales aumentaban su belleza, incluso entre medio de la brutalidad de la supervivencia del más fuerte.
No está de más decir que su terreno estaba constituido por variedad de elevaciones y zonas planas, sin tomar a esta última en su forma más literal, sumando pendientes y colinas difíciles de superar. Sin embargo en definitiva, la mayor parte de su territorio era explorable inclusive en aquellas cuevas ancestrales.
Los días eran alegres, llenos del cantar de los pájaros tanto como de las demás especies, y las noches ensoñadas, llenas de sombras contrastando con luces de colores, de los hongos, las flores y el polvo desparramado que brillaba solo con la luna.
Los aromas eran ricos, exuberantes, silvestres y exóticos. Mezclándose en resultados diversos no encontrados en ningún otro lugar.  
Allí en algún punto vivían nuestros dos personajes.
Para proseguir con nuestro relato, es necesario mencionar cómo fue el acercamiento entre nuestros dos amigos...

El ratón, ante la falta del dueño de la cabaña, pudo deambular con mayor frecuencia libremente sin ningún peligro. Un paraíso abierto completamente para él. Así su concentración cuando no estaba posada en algún objetivo de comida potencial, veía intrigado a un búho observándole en lo alto de un mueble. 
Este mismo tenía una paciencia inquebrantable esperando quien sabe qué dentro de su jaula. Y lo notaba así cada día, al punto de preguntarse si no estaría pasando hambre siquiera como para querer salir de allí.
Cada día se miraban completando una pequeña rutina o quizás podría expresarse mejor haciendo referencia a un hábito.
El pequeño ratón se preguntaba si no le molestaría al búho sus andanzas por la cabaña. 
Pero aquellos ojos, la expresión en su rostro, la cabeza medio metida entre sus alas como si una persona elevara sus hombros en gesto de timidez y sumisión, solo le advertían que parecían contemplarlo solemne, pacifico y a la vez asombrado.
Siempre encontraba aquellos dos grandes ojos viendo en su dirección. 
El ratón podía recordar una anécdota cuando en el medio de una escalada épica de un cajón, se había acordado misteriosamente del búho.. 
Sus dos patas delanteras estaban sujetas firmemente. Antes de subir sus otras dos patas traseras, quiso mirar sin poder soportar la intriga. Quería saber lo que aquel extraño animal estaba haciendo en aquel momento. 
Pasó su visión, apartando las cosas que estaban entre medio de los dos; sillas, una mesa, un jarrón con flores y algunos muebles, para finalmente notar la presencia de aquel. 
Casi se cae cuando entre ese hueco, detrás del vidrio de un frasco, un ojo alargado lo observaba (un ojo distorsionado por el cristal). El susto hizo que pataleara rasguñando la madera al no encontrarse con algún aferre. Pero al final, con esfuerzo, logró subir entre una agitada respiración.
Esta última remembranza le surgió pensando en aquellos globos amarillos siendo los ojos del ave, que ahora se le presentaron expectantes en un nuevo día que comenzaba como cualquier otro.
La desesperación más que afectar al animal alado lo atenazo a él.
Esa era la primera respuesta ante aquel acontecimiento que siempre ocurría, la interacción con sus miradas.
Entonces pasando por grandes obstáculos, sin dificultad como solo un ratón puede hacer, se abrió paso hasta la gran jaula. 
Una vez allí se las ingeniaron mutuamente para abrir la puertecita a la libertad.
En ese momento comenzaron a ser amigos. 
El ratón desde entonces recordaría como se habían conocido...: él paseando por la casa en busca de rica comida y toparse repentinamente con los ojos tranquilos del majestuoso búho, que lo observaba entretenido. Incluso sin alertar al dueño que por aquel entonces no se había ido aún.

La amistad era un regalo que sabían apreciar. Por eso, antes de dormir necesitaban encontrarse... se miraban como un acto de complicidad para luego poder descansar en paz con ellos mismos en sus respectivos lugares.

Ahora la vida era por un lado más complicada para el búho, cuando la realidad le decía que no tenía a alguien para darle de comer. 
La comida escaseaba y se encontraba en los lugares de difícil acceso dentro de la casa... Así que, si no encontraban, el búho debía salir por la ranura de la ventana hasta conseguir algo para él y su simpático amigo.

En una ocasión se quedaron a la orilla de la repisa donde se acomodaba una ventana, viendo las estrellas en una noche de navidad. No sabrían exactamente cuánto tiempo habían estado quietos simplemente acompañándose y pensando. Pensando en un exterior.

Ese pensamiento se intensifico de una manera especial dentro del pecho de cada animalito, así que no fue raro que las conversaciones entre ellos comenzaran a tener la tendencia del "afuera".
Sí, hay otros peligros fuera, pero la libertad era algo mayor en su debida proporción. Mayor que la “pequeña libertad” encerrados en esa casa.
Ellos que nunca conocieron lo que era en sí la libertad, se vieron aturdidos y emocionados en la revelación: No solo podían estar libres en la casa, sino que en un mundo más grande, vasto e inmenso...
Ese sentido de inmensidad por sobre algo ya de por sí grande avivaba una sustancia en ellos.
Sin embargo no solo había emoción, sino que también un miedo.

Siguiendo con aquel pensamiento revelador, el ratón le pregunto al búho cómo se sentía volar? qué se sentía tener alas?...
Le expresó sus ganas de tener un par también. Con lo que este le contesto...
- Cuando me sacaste de la jaula... Pude tener el espacio necesario para volar. No sabía que sabía hacerlo, pero sin embargo lo hice naturalmente como si estuviera grabado desde que nací. Lo que te puedo decir es que me hizo sentir más completo...-
Los ojos del ratón se hicieron dos globos luminosos contemplando la belleza del relato, sintiendo cada palabra como sincera... Especialmente aquella que hacía referencia a la plenitud, estar "completo".
Si él, el ratón, tuviera que salir al exterior, serían de mucha ayuda un par de alas...

De la misma manera el búho pensó... sabiendo que sería genial para la supervivencia tener aquella agilidad y capacidad para poder escabullirse casi en la totalidad de las circunstancias en las que contaban las más tensas y extremas.

Una noche unos niños entraron estrepitosamente a la casa. Dos de ellos eran agradables pero un tercero, el más grande, de unos 15 años, era bastante arrogante e insensible.
Mientras pasaba corriendo haciendo destrozos los pequeños lo miraban asustados insistiéndole que no haga tanto ruido, que tenga cuidado.
Esa noche, el búho y el ratón se asustaron y vieron como su casa era desordenada injustamente.

Cuando salieron de su escondite tuvieron que consolar a la señora araña...
Nada se volvió a saber de los chicos.
En otra instancia habían sufrido un intenso terror cuando un perro gordinflón irrumpió en la cabaña ladrándoles a través de una pared de madera por los que se abrían algunas ranuras de las malas conexiones de las mismas. Su hocico podía olfatearlos inequívocamente. Se salvaron por el dueño que lo llamo.

El búho y el ratón, entendieron rápidamente que el exterior podía ser hermoso tanto así como cruel. Y los días siguientes no pusieron un pie fuera.

Cuando tuvieron la confianza suficiente pasearon entre árboles cercanos, ya con el piso lleno de nieve.. y se quedaron en uno de ellos que a los dos les encantaba por su arquitectura.
Al comenzar el anochecer se escabulleron rápido a su guarida. Descubrieron que fue una decisión acertada al cabo de unos minutos cuando una fuerte tormenta hizo gemir y vibrar cielo y tierra.

La vida se había vuelto una total aventura para los dos... y si aun estaban vivos era por el entusiasmo de encontrarse solos.
A la tarde de un viernes el ratón le pregunto al señor con plumas...
-No tienes ganas de conocer a otros de tu especie?-
La chimenea sonó con el sonido de una diminuta piedra cayendo por su agujero, tal vez producto del tiempo avasallante que pasaba factura a las estructuras. Aquella chimenea en donde se encontraban los dos.
El búho al fin contesto después de meditar...
-No lo había pensado, pero creo que así estoy bien.-
Su amigo orejón sonrió.
-Y vos?-  le pregunta a su amigo.
-Yo qué amigo...?
-Vos... no querés conocer a más de tu especie...?-
-Me parecería entretenido, pero no es algo que me importe mucho...-
Se volvieron a mirar y sonrieron ambos.
Sabían que el uno se había convertido en alguien indispensable para el otro.
-Pensarían que somos egoístas y raros- exclamó el búho, con una voz divertida y algo más ronca por el énfasis...
Prosiguió...
-Otros querrían tener una gran familia, te imaginas..?... búhos y ratones por toda la casa...-
Esta vez.. el búho dio tal carcajada que se le desprendieron algunas plumas.. y el ratón se tiro barriga arriba para patalear.

La diversión los hizo sentirse plenos en su existencia. Después de unos instantes se sorprendieron intentando un juego nuevo.
El ratón, en un ataque de locura, había subido a la espalda del búho jalándole las plumas... tal como un hombre montando a un caballo. Entre pequeños gritos y quejidos divertidos, el pajarraco se lanzó volando hasta el otro extremo de la habitación.
Cuando aterrizo los dos gimieron de alegría...
-Choca los cinco...!- soltó el ratón...
-Solo tengo cuatro- respondió el búho viéndose pensativo la pata aun emocionado..
El ratón cerró uno de sus dedos y chocaron las patas.
-DE NUEVO- gritó el ratón... subiéndose otra vez.
Antes de terminar la frase el búho caía en picada al suelo para pasar rasante y salir acrobáticamente con círculos peligrosos por la ranura de la ventana...
El paseo fue muy agradable y llegaron a la casa cansados por toda la energía liberada.
Se acostaron cerca de un pequeño fuego que uno de los dos encendió... Un solo trozo de madera que se extinguió minutos después de encontrarlos sumidos en hermosos sueños.



Habían pasado años. Y los ánimos estaban menguando... ya no eran tan entusiastas, ni tan jóvenes... pero habían mantenido esa emoción como ninguna otra dupla semejantes (si es que alguna vez la hubo).

El pelo del ratón estaba más crecido y desprolijo... le resultaba muy gracioso al alado pero no le hacía ninguna gracia al nariz larga, ahora en actitud de gato, completamente manso sin hacer mucho más que estar tirado. Algunos ataques de locura a veces le agarraban lo que era una trasformación entre polos opuestos...
El búho decidió cortarle el pelo al ratón, aquel pelo gris y desparejo parecido ahora a una bola de pelusa.
Sin querer le dio un picotazo fuerte y comenzó una pequeña pelea... que se agrando.
Lo que podría parecer gracioso para algunos, era serio para ellos...
El ratón llego a pegarle con las patas y a mordisquearlo fuerte con sus dientes.

La primera pelea que tenían los había hecho sentir fatal. En soledad pensaron en cosas parecidas... no debían pelearse de esa manera nunca mas... pues aquel sentimiento era insoportable.
Mas que discutir por quien tenía la razón, decidieron dejarlo pasar sin importar quien estaba acertado o no.


Nuevamente otro año hermoso pasó casi fugaz.. natural.. feliz..
Nuestros dos tiernos amigos ya estaban más viejitos... pero sin embargo parecían jóvenes cuando jugaban...
Sus movimientos se convirtieron en torpes... el ratón perdido gran parte de su visibilidad también. Y el pelo y plumas respectivamente no hacían reflejo de su felicidad.
Los dos se miraron largo tiempo comprendiendo la suerte que habían tenido de conocerse...
Al fin el búho dijo..
- Sé que estás muy cansado… Pero que tal si hacemos un viaje...?-
El ratón se subió de nuevo a la espalda cómoda del búho…
Este abrió sus alas que parecieron más majestuosas que ninguna otra vez...
Y voló... aleteando fuerte, dando un giro para atravesar la ventana...
Los dos sintieron el viento en sus caras... y vieron la luna enorme entre millones de estrellas...
Por último se dieron una última mirada despidiéndose antes de que cayeran por vez definitiva al suelo...


Por Germán Castillo

miércoles, 2 de octubre de 2013

Lejano... pero ahí.


Se me hace un tanto distante lo que antes me parecía habitual. La manera en la que nos comportábamos... Como reíamos y nos distraíamos, como conversábamos y pensábamos completamente ajenos a un destino desconocido que hoy es presente... 

Nada de lo que pasaba por aquel entonces pasa ahora...

Curioso como nos éramos auto-suficientes en cuanto a cierta perspectiva referida a los sentimientos. Y no pretendíamos más que lo simple de un encuentro, sentados en cualquier lugar fuera del tiempo. Aunque este lugar no fuera de lo más lindo.
Estar… con nuestra consciencia limpia. Con ganas de avanzar.

El recuerdo se mezcla con la melancolía. Podrías entenderlo como si se tratara de un día pasado de navidad cuando una familia reía... impregnando algo raro en el ambiente que muchos lo concebirían referente a la magia. O como dos enamorados en el día de San Valentín. 
Como la carta guardada para un amigo que la abre después de diez años o como una noche de luna llena y el cielo estrellado que nos inspira e invita a imaginar.

Lo miro como si fuera un tercero escondido, inspeccionando la escena entre miedo y expectativas. Como un pobre que queda afuera con frío… 
Como un tercero en discordia solitario que ve con tristeza, sentado en el banco al otro lado del lago, regocijarse a la pareja ajena.

Así lo siento en este momento... aquellos recuerdos de unos chicos sentados en el patio de la casa de uno de ellos. Pero todos son tan extraños, todos son desconocidos.
Nuestras preocupaciones por aquel entonces eran otras. Pero éramos felices en nuestro pequeño mundo.
Simplemente eso… el plan de juntarnos en el barrio a la noche. Esperábamos eso! queríamos experimentar qué debate se generaría esta vez. Queríamos entendernos envueltos en planes a futuro que nos integraban a cada uno… al igual que niños soñando en el mañana cuando serían grandes… aun  inseparablemente amigos.

Otros intereses nos movían. En el momento me sentía vivo, pero hoy pensaría que aquel muchacho estaría actuando en automático y en realidad no vivía la vida. Jamás sabría lo que sucedería.
Por aquel entonces había mejores cosas para hacer sí, algunos creerían a ellos perder el tiempo. Sin embargo éramos felices.
Uno empieza a necesitar de esos planes y pequeñas rutinas que solo nos hacen establecernos en un lugar seguro. Fuera de todo peligro. Aun cuando ese plan en sí y ese mundo tendrían en su base el peligro.

Uno cambia y con ello lo que le hace bien. Es por eso que un día pensando en nosotros podemos sentirnos en un lugar completamente diferente y desencajado.
Es increíble como algo tan simple nos puede hacer tan bien o tan mal. Pero cuando descubrimos aquel cambio interno, ya no es igual. Algo nos empieza a incomodar.

Es por eso que cuando a veces encontramos a una persona, entre esa angustia y nerviosismo, puede transformarse en la salida y en la salvación.
Pero necesitamos entender que muchas veces cuando perdemos, no estamos mas que volviendo a un estado anterior, original… concretamente estamos con nosotros mismos… pero ese yo propio no parece bastarnos.
Podría ser incluso mejor volver a estar solos, pero difícilmente se lo vera bien a primera impresión.
Si pudiéramos frenarnos y decir “eey esto no esta tan mal, así es como estaba antes y podía seguir y vivir igual. Por qué me sentiría tan mal. Si fuera así estaría afirmando mi desastre anterior.”

Esas reuniones suponían una oportunidad para hablar de nuestras vidas y descargarnos. Nos movía la fascinación por el misterio y eso encendía nuestras almas.
En mi caso tuve oportunidad de escuchar y conocer y proponer temas interesantes.
Y divertirnos de nosotros mismos y tener ilusiones y esperanzas que estaban por venir. QUE IBAN A VENIR!!! Con total seguridad.
Aunque nos negábamos como chicos encaprichados, heridos y enojados con la vida. Aun así teníamos sueños.
No teníamos más pretensiones que esas simples reuniones cargadas de ese algo que ya perdí con este falso tiempo.
Cuando se te remueven sentimientos diferentes, sos otra persona.
Por qué se nos hace difícil vernos como antes? Pensar en eso nos hace dar cuenta que ese yo anterior comienza a ser un extraño. Somos unos extraños para nosotros mismos. No lo queremos.
Tan alejados estamos de nuestro pasado?

No sentimos de la misma forma y es por eso que hacer lo mismo que hacíamos puede ser incluso un aburrimiento.
  

Como piezas rotas los fragmentos de uno vuelan entre el océano del tiempo ya sin ser afectados. Para juntarse de nuevo allí donde debe ser.