Acompañé al ermitaño del bosque
en su casucha de paja y madera
construida en un tronco penumbroso
bajo la calidez de las estrellas,
Algunos pájaros graznaban temerosos
que tengamos cuidado de los demonios del pozo;
Eran penitentes formas del pasado,
Queriendo mantener su doloroso legado...
Entre historias oscuras
se iluminaban nuestras caras seguras
a la luz de las velas, y una pequeña chimenea
de flameantes llamas siniestras.
Me encontré sintiéndome vivo
Viví con Baba Yaga
entre ungüentos y flores
viajando por los alrededores
escuchando los susurros del bosque,
desde las alturas de su morada
que por alguna extraña razón caminaba
Aprendí de las luciérnagas del lago lejano
a brillar por un rato
y a danzar libre
surcando la huella del viento
Me quedé con el árbol viejo
hasta que la noche me trajo su sombra
y en oscuridad nos quedamos
viendo pasar las horas
su corteza mostraba arrugas de tantos años
y cicatrices de las luchas de antaño,
Aprendí de la luz tanto como lo hice de las sombras
o dominar el dolor que tanto me enoja
sin odiarlo pude respetarlo
y sin intentar eliminarlo
pude correr a su lado.



