Un leve impulso y el mundo se puso a girar
al ritmo que le indicamos andar,
El reloj aun no había pestañeado
pero nosotros sonreíamos inconscientes del engaño,
más las tuercas comenzaban a funcionar
dejando lo que nos sucedió detrás
Armando la historia que con el tiempo iríamos a contar
creyendo ser lo único real
Era una máquina destartalada
con encastres desalineados y soportes dentados,
corriendo con cables sucios, ensangrentados y enmarañados,
Unas palancas sobresalían de su nauseabundo estomago compacto,
de maltratados tubos agujereados,
Por los que tosían oscuros vapores de espanto,
Una maquina tapada con chapas oxidadas,
Con cada pieza hecha de forma improvisada
evidenciando una lógica precipitada,
tornillos desencajados, muelles en mal estado
Y un sonido de cambio trabado tras cada paso,
rechinando por la injustificada falta de aceitado.
Pero el secundero al fin avanzó
con un gesto desarticulado de puro terror
manteniendo sus brazos extendidos,
Se quedo desbalanceando la certeza de cada sentido,
y Mientras su mano vacía desparramo
las cenizas disueltas que antes defendió con pasión,
Ahora caían libres en una melodía triste,
Y aquel reloj
ya no le supuso una función elegante
Encendido en la única frecuencia donde puedes desesperarte
Cual frio Dios que no se pone a escuchar
los angustiosos ruegos de quienes se pusieron a rezar,
En las ondas descifradas se marcaba la hora asignada
el ritmo de un corazón,
La sinfonía demencial del abismo en su maximo esplendor,
Con sus pulsos fuertes y profundos
vibro la existencia de un caos confuso,
Hizo nacer de la grieta
fluyendo a borbotones la esperanza ciega
un destino anticipadamente pronunciado
prometiéndonos un espacio consagrado
El tiempo se detuvo en la mirada, el suspiro aun flotaba deambulando por un mundo nuevo,
un náufrago perdido entre océanos, sin tierra firme, a la voluntad de las mareas.
El tiempo se partió y la historia jamás terminó, ni empezó, ni existió.



